A U R O R A        Y       Á N G E L

 

                                                       O

                        U N A    L U C H A   E N   C O M Ú N

 

 

 



   Al traspasar el umbral de la casa de Aurora y Ángel, de lo primero que nos damos cuenta es de que entramos en un hogar socialista. Hay símbolos del Partido por doquier. Símbolos que representan unas ideas y una lucha, símbolos que ahora son fáciles de ostentar, pero que en su momento les podía costar la cárcel o la vida. Símbolos que Aurora y su abuela se encargaron de salvaguardar, cómo un medallón grande, de metal, de Pablo Iglesias, que tuvieron que enterrar en un descampado, al final de la guerra, lo enterraron no por miedo a las represalias, que las tuvieron, sino por el miedo a perderlo.

 

   Ángel Gonzalez Matey nació en Madrid en el Puente de Toledo, junto al cementerio de San Isidro; al otro lado del río.

   Cuando empieza la guerra él y su familia tienen que abandonar la casa donde vivían con todos sus enseres, porque al otro lado del río, donde vivían  era zona militar.

   Los evacuan al barrio de Salamanca, donde  compartieron  casa con otros tantos evacuados.  Tuvieron la suerte de disponer de carbón, y gracias a ese carbón no sólo pudieron guisar y calentarse, sino que no tuvieron que quemar  nada.

   La hermana de Ángel se afanaba en tener la   casa como “los chorros del oro”, por eso al  acabar la guerra no los detuvieron, por lo bien que habían dejado la casa. Con su casa no pasó lo mismo, pues cuando volvieron se encontraron con que no había ni escalera.

   Ángel estudió lectura en un Ateneo Libertario.

   A los 14 años empezó a trabajar de mecánico, y tras hacer  dos cursos de Formación Profesional en la Paloma, desempeña el cargo de Oficial Mecánico en la Peugeot, donde fue Secretario General de la Sección Sindical de U.G.T. y en la Peugeot estuvo hasta que le llegó  la jubilación.

   Ha representado a representado a nuestra  Agrupación como Vocal Vecino en la Junta Municipal más de 12 años.

   Cuando era Vocal se le conocía como “el hombre de las pequeñas cosas”, porque Ángel siempre le pedía al Partido Popular en el gobierno, pequeñas cosas, cosas que nos hacen más agradable la vida a los vecinos.

   Los que le conocéis, sabéis de su bonomia, yo personalmente le calificaría cómo un hombre tranquilo y persistente, con mucho sentido del humor, con una sonrisa a flor de piel en su boca y en sus ojos. Un compañero que nos ha enseñado muchas cosas, un compañero que se conoce el distrito como nadie, y que siempre está dispuesto a echar una mano. Una persona afable, que no levanta la voz, y con el que es imposible llevarse mal.

 

Aurora Fénix Oyagüez, nace en Madrid, en el Puente de Vallecas, la “Pequeña Rusia” llamaban a esa zona.

   En el Puente de Vallecas estaba de Alcalde el maestro Amós Acero. Amós fundó la Casa del Pueblo y el padre de Aurora fue coofundador.  En realidad lo que hicieron fue construir la Casa del Pueblo con sus propias manos, ladrillo a ladrillo, y lo que ellos hacían por la mañana, por la noche iban los fascistas y lo deshacían. Tanto a Amós como al padre de Aurora los mataron los fascistas.

   El padre de Aurora se fue al frente, y la madre a trabajar a la Casa de Socorro, así que Aurora tuvo que pasar la guerra al cuidado de su abuela.

   Cuando bombardeaban la zona, se tenían que esconder en unas cuevas cercanas, y fue en una de esas cuevas  donde escondieron el medallón de Pablo Iglesias.

   De tanto en cuanto su padre volvía del frente, y la penuria era de tal calibre, que una vez tuvieron que quemar la tabla de la carne y la de lavar para hacer fuego y así poder hervir agua con la que desinfectar la ropa de su padre.

   Durante la guerra evacuaron a Aurora y a su abuela a Murcia.

   La madre de Aurora estuvo en la cárcel de Ventas tres años, y allí pudo ser testigo del terrible fusilamiento de las 13 Rosas.

   El padre de Aurora se creyó lo que dijo Franco, que el que no tuviera las manos manchadas de sangre que podía estar tranquilo, que no tenía por que tener miedo, y confiado volvió a Madrid una vez terminada la guerra, lo detuvieron y ya no volvieron a saber nada de el.

   Cuando detienen a los padres de Aurora, las echan de la casa donde vivían para dársela a un guardia civil.

   Al salir su madre de la cárcel la destierran a Bilbao, y Aurora tiene que rodar con su abuela por cuartos alquilados.

   Siendo una niña de 6 años sufrió los desmanes y la brutalidad que les genera a los fascistas la impunidad de la victoria bélica, que no de la victoria moral. Aurora y su abuela tenían que pasar a menudo por una sede de Falange, había que hacer el saludo fascistas cuando se pasaba por allí, y ellas siempre que podían se hacían las distraidas para no tener que levantar el brazo, pero un día Aurora llevaba unos lazos rojos en las coletas, y el color rojo fue demasiado para aquellos bestias, así que cogieron a Aurora y le cortaron las coletas, coletas que le había hecho su abuela cómo cada mañana con el amor y el mimo que saben dar las abuelas.

   Aurora tenia un tío en Medina del Campo que regentaba un bar, y allí que la mandaron   con 7 años, en Median vivió a fondo el estraperlo, otra de las delicias a las que nos sometió el dictador.

   Aurora no cuanta su vida con resentimiento, la cuenta con pena, con la pena que le producía durante los años de Medina tener que decir “tía” en vez de “madre”.

   El miedo de la dictadura era tan intenso, que Aurora no se enteró de todas las calamidades que pasó su madre hasta que murió Franco.

   Aurora se afilió al Partido en la Agrupación de Vallecas, donde vivieron tres años después de casarse, y cuando se vinieron a vivir al barrio, cuando abrieron la Agrupación de Fuencarral ambos, Aurora y Ángel se trasladaron aquí.

   Ha tenido diversos cargos orgánicos en nuestra Agrupación.

   Aurora y Ángel se conocieron en el verano de 1.955 y se casaron en 1.958, tienen una hija y dos nietos.

   Aurora es una mujer con mucha fuerza interior, y cuando me cuenta su vida lo hace incluso con sentido del humor.

   La infancia y la adolescencia de Aurora me producen tal congoja que me siento incapaz de hacer ningún comentario personal.

   Solo quiero dejar una pregunta en el aire, que va dirigida a los nietos de aquellos fascistas salvajes, nietos que ostentan el poder más de lo que debieran, porque aunque digan lo contrario, son igual o peores que sus abuelos. ¿QUIÉN LE DEVUELVE LAS COLETAS A AURORA?.