Nuestros Mayores: Joaquín Ropero Moreno



            Es deseo unánime de esta nueva Ejecutiva Local rendir un pequeño homenaje de agradecimiento a nuestros mayores. El homenaje es pequeño, pero el agradecimiento es muy grande, porque gracias a ellos, y a tantos y tantos otros que no conocemos, hoy estamos donde estamos.

            Unos lucharon de forma heroica por la libertad, en la guerra, desde el sindicato, en la clandestinidad, otros de forma silenciosa, con la resistencia pasiva; pero todos vivieron tiempos muy duros en la época de la dictadura. Ahora luchamos por las libertades, sin embargo, ellos lucharon por la libertad, son conceptos bien distintos.

            Algunos aprendieron a leer y ‘cuentas’ en las Casas del Pueblo, cuando estas cumplían con el sentido didáctico y político para el que fueron creadas.

            De todos los que han sido y son militantes de esta Agrupación, nos ocuparemos poco a poco. Unos nos han dejado hace poco, otros continúan con nosotros.

            La intención de estas pequeñas biografías en el sitio web, es que nuestros militantes, sobre todo los más jóvenes, que son los que están más puestos en las nuevas tecnologías, por lo tanto son los que más la visitan, puedan reconocerlos cuando vienen por la Agrupación, y con el reconocimiento aprender de su experiencia. 

            He tenido un interés especial en empezar esta serie de pequeñas biografías por el compañero Joaquín Ropero, porque ya no está entre nosotros, y porque personalmente le tenía un especial cariño.

 

 

En memoria de:

  

 

JOAQUÍN  ROPERO  MORENO

 

(Madrid, 18 de agosto de 1922 – 4 de marzo de 2004)

 

 

            Cuando María Vega y yo fuimos a casa de Ropero, coincidimos en la puerta de la calle con Manolo, su hijo pequeño y con su mujer, nos abrió la puerta  Maximina. Lo primero que nos enseñó Maxi, fue la foto de la nieta que le van a traer dentro de dos semanas de China, a Maxi se le saltaban las lágrimas de emoción cuando nos contaba las ganas que tiene de tenerla ya aquí y de abrazarla. Maxi la viuda de Ropero es una mujer menuda, de mirada muy viva, y por como tiene la casa, se la ve que es muy, muy cuidadosa, no sólo por lo ordenada que la tiene, sino por el valor que le da a los detalles, porque todavía guarda la rosa del primer mitin que hizo el Partido.

            Con estas líneas, sólo trato de que nos acerquemos todos un poco a la vida del compañero Ropero y de Maxi.

            La escuela de Ropero fue junto con las enseñanzas de justicia y libertad que recibió con el ejemplo de su padre, la Casa del Pueblo de Carabanchel.

            En febrero de 1938 se incorporó voluntario al Ejército Republicano, donde ya estaba luchando su padre. Primero fue al frente de Extremadura, y allí llegó a sargento. De Extremadura pasó al Maestrazgo en Castellón, donde lo hieren en Figueroles, lo trasladan herido al hospital de Ocaña en Toledo.

            Mientras tanto, Maxi es evacuada con un montón de niñas y niños al País Valenciano, ella estuvo en Játiva y otros en Mogente.

            Al acabar la guerra, meten a Ropero y a su padre en un campo de concentración, al compañero lo internan en el campo de Barracas en Murcia. Cuando sale del campo tiene que hacer el Servicio Militar con Franco. Entre la guerra y la mili, siete años de juventud perdida por culpa del fascismo.

            Me pregunto, ¿Cómo es posible que un chaval de 16 años se marche voluntario al Frente?, y la respuesta la encuentro en sus ideas, que son ideales, en las enseñanzas y el ejemplo que recibió de su padre, y del PSOE en aquella Casa del Pueblo de Carabanchel, en como se equipó de una ideología tan potente que ya nunca abandonaría.

            Para poderse casar con Maxi, ésta tuvo que enseñarle a santiguarse y el Padre Nuestro, porque en plena época franquista, si no te casabas por la iglesia, mal asunto.

            Luchó en la clandestinidad, y lo detuvieron muchas veces, lo llevaban a la Puerta del Sol donde recibió más de una paliza. Nunca nos dijo nada, nunca presumió de antigüedad de afiliación, ni nuca pasó factura por su lucha antifranquista.

            Al compañero Ropero lo que le gustaba era trabajar para el Partido. Cuando más lo traté fue en la época en que formábamos un  equipo, junto al vocal Luis Palacios, que llevaba Sociales en la Junta Municipal. Hicimos un buen equipo, Luis y Logan su perro lazarillo, Ropero, Juan Jurado, Esther del Coso y esporádicamente Mª José Rubio. Cuando visitábamos los Centros de la Tercera Edad con la concejala Marta Rodríguez Tarduchi, causábamos muy buena impresión, porque constábamos lo que es el PSOE, un partido numeroso y activo, un partido preocupado por los ciudadanos más desfavorecidos, un partido a pie de calle. Para mi fue importante trabajar en aquel equipo y conocer a Ropero.

            Vivió más de 50 años con Maxi, tuvieron cuatro hijos varones, a los que educaron en los valores socialistas y a los que con un trabajo de pintor industrial dieron carrera. Nada más verlos te das cuenta de que es una de esas familias donde hay mucho amor, la prueba está en que los hijos dicen que han tenido mucha suerte de tener esos padres. Al ver a Maxi y el trato que tiene con sus hijos y nueras, constatas que es de esas mujeres que saben ‘hacer familia’.

            Al Compañero Ropero la vida le robó diez días, los últimos diez días de su vida, por diez días no pudo disfrutar de la alegría de un nuevo triunfo Socialista, la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, la de todos nosotros, y de la suya propia; pero el amigo Ropero sabe que el 14 de marzo de 2004 su familia y los compañeros que lo queríamos lo tuvimos presente, estuvo en nuestra memoria, y en nuestra memoria estará para siempre. Amigo Ropero, te recordamos,  te queremos y te respetamos, igual que te quisimos y te respetamos cuando estabas entre nosotros.

           

En el epitafio del compañero pone:

 

“AQUÍ YACE JOAQUÍN ROPERO ROMERO,

UN LUCHADOR POR LA REPÚBLICA,

EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD”.