El huevo de la serpiente
FERNANDO RUIZ CERRATO
Llegó noviembre y, como todos los anteriores noviembres desde 1975, sus días están marcados por la muerte en la cama de un dictador implacable que hurtó de manera indecente la libertad y dignidad a un pueblo durante casi cuarenta años una vez que hubiera exterminado sin piedad a miles de sus conciudadanos. Un noviembre éste, sin embargo, que será el último en el que ondearán banderas victoriosas ante el catafalco de Cuelgamuros, en virtud de la Ley de Memoria Histórica, y para sellar la despedida los movimientos fascistas prodigan el lenguaje de los puños y las pistolas. Un noviembre también en el que, días más tarde de esta ruin conmemoración, el brazo armado del Partido Popular a cargo del ínclito Francisco José Alcaraz hace honor a su historial ultra participando de tan ignominiosas fechas con una nueva manifestación.
Aún estaban frescas en las retinas las imágenes del salvaje nazi agrediendo a una joven ecuatoriana en un tren de Barcelona cuando, pocos días después, un grupo de energúmenos propinaron una paliza a un colombiano en el municipio madrileño de Las Rozas al grito de “¡Viva España!” En este noviembre de exacerbaciones patrióticas un cuchillo de monte de 25 centímetros de hoja atravesó el corazón de un adolescente de dieciséis años cuando, junto a otros compañeros, intentaba formar parte de una protesta por la convocatoria de una manifestación ultraderechista contra la inmigración. Quienes alimentan con tanta persistencia la crispación debieran saber que la serpiente aguarda impaciente en el interior del huevo su eclosión. Para lograrlo basta sólo una ligera fractura en su cáscara. Una vez fuera ya no hay remedio.