DESERTORES: ¿POR QUÉ LO HACEN?

 

 

No son pocos los casos de deserción en las filas de la izquierda, tanto dentro del ámbito socialista como del comunista. Son casos conocidos y muy sonados los que se produjeron en Europa en el periodo de entreguerras: Mussolini pasó directamente del PSI a crear su Partido Nacional Fascista, Deat y Doriot pasaron del socialismo y del comunismo francés respectivamente a militar en la extrema derecha, Mosley abandonó el laborismo británico para crear el fascista Nacional Front o incluso Pilsudski, que llegó a ser dictador en Polonia y es uno de los padres de la patria polaca moderna, había integrado las filas del socialismo. Eran otros tiempos, convulsos, agitados por los conflictos bélicos, en los que los contornos de las ideologías, todavía relativamente jóvenes, no estaban lo suficientemente definidos, lo que generaba la lógica confusión ideológica de quienes abrazaban dogmas igualitarios, residenciados en el socialismo, en un mundo en el que la creación de nuevos estados basados en los caracteres nacionales marcaba de una manera inexorable la política tanto interior como exterior de cada país. La distorsión provocada por las cuestiones nacionales hacían propicias las herejías ideológicas dentro del seno del socialismo de la época, por lo que los casos apuntados, que sin duda se pudieron deber también a otros condicionantes añadidos, no pueden causar extrañeza en el contexto histórico en el que se produjeron.

 

            En la España de aquella época no se dieron casos significativos de giros derechizantes entre los dirigentes políticos de la izquierda, más allá de los vaivenes de algunos intelectuales desbordados y desorientados por los acontecimientos del momento. No se dieron entonces esos casos porque en España prevalecía la cuestión social sobre la nacional, no se había intervenido en la I Guerra Mundial, no existían territorios irredentos y la pérdida de las colonias en 1898 había generado un estado de cosas poco propicio a la exaltación nacional populista, que además se agravó con las aventuras militares emprendidas en el Rif, consolidándose, en cambio, las afirmaciones autonomistas y nacionalistas surgidas en Cataluña y País Vasco en  el Siglo XIX.

 

            A finales de los ochenta y principios de los noventa, el derrumbe del bloque socialista soviético, con la consiguiente alteración del orden político mundial surgido de la II Guerra Mundial y la ruptura del equilibrio de fuerzas, produjo el efecto de obligar, sobre todo a los partidos comunistas europeos, que quedaron sin espacio como tales, pero también en parte a los socialdemócratas, a redefinir sus políticas y fijar sus objetivos de una forma acorde a la realidad socioeconómica capitalista que quedaba indiscutida por el empíricamente constatado fracaso de su contrincante. Ante ese acontecimiento, los dirigentes, pensadores e intelectuales más cabales, la mayoría, permaneció en el campo de la izquierda adaptando su discurso a la “nueva” realidad. Sin embargo en otros, que habían profesado sus ideas como si de una religión se tratara perdieron su fe y sintieron la necesidad de abrazar otra religión y se convirtieron a la “Religión del Mercado” con la misma virulencia y convencimiento que antes profesaban el culto del estatalismo, como si de repente hubieran descubierto la panacea en el “moderno” liberalismo económico de Adam Smith y la Escuela de Manchester.

 

            Otros cuantos salieron huyendo en busca de sus propios garbanzos, porque habían hecho de la apología izquierdista un medio de vida y, como en realidad carecían de principios, se hicieron profesionales de la antiizquierda, con el mismo buen provecho económico, por supuesto. Algo como lo que pasó en la URSS con los nomenklaturistas del PCUS.

 

            En España existieron fugas a la derecha ya una vez advenida la democracia, en tanto que se trataba de individuos que se afiliaron muy jóvenes al PCE, la fuerza antifranquista más reconocible y activa de la época, pero que lo hicieron empujados por un halo de rebeldía hacia sus propios padres y hacia la autoridad y falta de libertades en general. Al cabo del tiempo volvieron a su estrato social, pues eran universitarios de buena familia, comenzaron a hacer muy buenos negocios y, como no podía ser de otra manera, se pasaron a las filas del centroderecha o de la derecha conservadora moderada.

 

            Ahora después de todos esos avatares, en el presente más inmediato, ¿Por qué una serie de dirigentes políticos , intelectuales y filósofos adscritos a la izquierda han virado de la noche a la mañana hacia posiciones de derecha conservadora o incluso de extrema derecha? ¿Qué les mueve?. Siguiendo los tres ejemplos más significativos podríamos hablas de tres cosas: frustración, oportunismo y locura, sin descartar otras hipótesis.

 

            Frustración en Rosa Díez, porque ha fracasado en todo lo que ha intentado en el PSOE y no será porque no tuvo oportunidades. Perdió por bastante unas elecciones europeas contra Loyola de Palacio. Perdió contra Redondo Terreros y contra Patxi López por la Secretaría General del PSE y perdió por la Secretaría General del PSOE contra Zapatero. Y como su concepción de la democracia no debe estar muy homologada con lo que entendemos los demás, pues resulta que todos los demás somos unos traidores y ella la única leal al Partido. Por eso, hay que insultar a Zapatero a López y estar en las manifestaciones y actos públicos del PP, que es, miren por donde, el único partido honrado y con principios que existe en el país. Debe ser verdad porque ni ella fue nunca consejera de turismo en un gobierno de coalición con el PNV ni el PP ha mentido nunca a la ciudadanía. Por supuesto ella nunca apoyó la campaña publicitaria de su consejería con el lema “Ven y cuéntalo” en tiempos en los que desgraciadamente lo contaban bastantes menos que ahora.

 

            Oportunismo en Cristina Alberdi, porque fue abanderada de la causa feminista en el momento preciso en el que se podía poner las botas como abogada llevando casos del recién implantado divorcio. Como especialista en feminismo la fichó Felipe para uno de sus gobiernos, con ese ojo incomparable que tenía algunas veces para elegir colaboradores, sólo comparable con su inmenso talento político, y ahí vio ya el camino de vivir de los contribuyentes para los restos. Por eso, cuando en la FSM ya no tenía nada que hacer y su escaño de diputada pendía de un hilo, no tuvo más remedio que traicionar a su partido para poder colarse en no se qué dirección general de no sé qué pamplina de la Comunidad de Esperanza Aguirre. A cambio, como es lógico, de insultar a los socialistas en Telemadrid y allí donde se tercie.

 

            Locura en Gotzone Mora, quizá porque en determinadas mentes la presión sufrida desde el campo de los terroristas, los entierros de compañeros, las amenazas, etc hacen más mella que en otras. No me atrevo a calificarlo de otra forma, por que sino cómo es posible que actúe en sedes de partidos de extrema derecha reconocida como Alternativa Española, (partido desaconsejado incluso por Jiménez Losantos, porque hace competencia al PP, no porque Federico sea más moderado, ni mucho menos).

 

            Luego existen otras variedades más exóticas entre intelectuales que van desde la estupidez profunda de Carlos Semprún, el hermano de Jorge, la inmadurez mental de Sánchez Dragó (comunista, anarquista, ferviente católico, budista retroeyaculador y ahora falangista, todo ello en cuarenta años) unida a su innegable suerte para vivir del erario público sin dar ni golpe, hasta el descaro total de los corruptos Tamayo, Sáez o García Marcos.

 

            En fin, la discrepancia política dentro de la lealtad es aconsejable dentro de los partidos, no todos tenemos por qué estar de acuerdo con una determinada decisión del Gobierno o del Partido y es bueno que, dentro de los límites de la racionalidad y de la protección de los intereses políticos de cada momento, se exprese libremente. Lo único que me da miedo es que, ahora que vuelve a haber elecciones, tengamos que vitorear a algún sinvergüenza que todavía no haya enseñado la patita. Igual que me produce inquietud ver como alguno del que no se conoce actividad alguna de provecho para el Partido, da muestra de su desmedida y curiosa ambición afanándose por colocarse detrás de algún líder para ver si sale en la tele o en alguna foto y, en algunos casos, consiguiéndolo, por cierto.

Miguel Angel Chapinal