Otra
derecha, por favor
La
trayectoria fijada por los estrategas del PP desde su derrota en las urnas en
2004 es bastante lamentable, y lo es porque tarde o temprano, en política y, en
general, en todos los aspectos de la vida, los excesos se acaban pagando, y a
la postre, podría acabar inhabilitando a este partido como oposición creíble
durante muchos años, y no es que a los socialistas el hecho de no tener
oposición nos disguste, así, de entrada, pero la democracia se basa en la
posible alternancia, y en España quizá lo que necesitemos es que la derecha sea
refundada para tener enfrente algo razonable y no un partido tirado al monte.
Este despropósito de oposición consideró un desalojo ilegítimo del poder las
elecciones democráticas del 11-M y aún hoy, (lo hemos visto el domingo pasado,
tras el atentado de Barajas) grupos de manifestantes siguen reclamando ¡la
verdad! sobre el 11-M sin ningún tipo de sonrojo.
La
verdad es que dan miedo, porque se atisba entre ellos un buen número de
nostálgicos del franquismo, nada partidarios de ceder el poder, el cual viene a
ser para ellos como un juguete exclusivo y que consideran que los años de
gobierno de Felipe González fueron un paréntesis anormal.
El
escaso nivel de ética de los que dictan las consignas en este partido, no se
detiene con tal de desgastar al Gobierno Zapatero, pero mientras los
socialistas tenemos una moral política y un sentido del Estado que nos llevó a
cooperar noblemente con el Gobierno Aznar en los grandes temas, como por
ejemplo, el terrorismo o las autonomías, los ideólogos del PP, encabezados por
el sr. Elorriaga, propagan comunicación envenenada a través de la COPE, el
Mundo, Telemadrid, etc, por doquier, sin medida ni complejos. Como he apuntado
al principio, puede que lo paguen en un futuro próximo, pero aquí y ahora, este
país necesita una derecha decente para que la política sea un poco más
atractiva para los ciudadanos en general, y sobre todo para los jóvenes, cada
vez más alejados de ella, y así poder acabar de una vez con la crispación, de
la que solamente sacan provecho los autoritarios y los terroristas.