LEÍDO Y ESCUCHADO

 

(El título es un homenaje a D. Eduardo Haro Tecglen)

 

¡Váyase señor Rajoy!

 

 

Menguado: 1. Cobarde, pusilánimeïï 2. Tonto, falto de juicio ïï3. Miserable, ruin, mezquino. D.R.A.E.

 

Le ruego, señor Rajoy, que antes de acusarme de plagiario siga leyendo. No he plagiado porque lo que en el menguado Aznar era un eslogan vacío, irracional, y negador de los procedimientos democráticos, es en mi caso un consejo argumentado.

 

El eslogan del menguado Aznar era vacío porque, como todo eslogan propagandístico “ad hominem” no tenía argumentos.

 

El eslogan del menguado Aznar era irracional porque ¿ qué pensamiento racional puede llevar a pedir a un cargo electo que abandone el mismo sin que tal petición se justifique con argumentos?; sólo una mente que haga suya esa teoría que usted, señor Rajoy, enunció al hacer el panegírico de un libro de Gonzalo Fernández de la Mora, teoría que postulaba que sólo los vástagos de las clases dirigentes estaban capacitados para dirigir- dicho en román paladino: sólo los hijos de papá pueden mandar- puede emplear ese eslogan.

 

El eslogan del menguado Aznar era negador de los principios democráticos; para que un Presidente del Gobierno de España deje el ejercicio de su cargo sólo hay un camino señalado en nuestra Constitución: una moción de censura constructiva, y que la misma tenga votos suficientes. Sólo si se considera la democracia como un escalón hacia el poder, para una vez conseguido éste destruirla, se puede proceder a aullar tales eslóganes y a acunar conspiraciones como las que, públicamente, confesó Ansón. No es ajena a la derecha española tal consideración: José María Gil Robles, fundador de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), ya manifestó tal pretensión de alcanzar el poder por las urnas para luego destruirlas.

 

Pasemos ahora, señor Rajoy, al consejo que le doy: ¡ váyase señor Rajoy!, y analicemos el mismo. El pueblo sabio acuñó: ‘del enemigo el consejo’; en lo que a mí respecta tal refrán habría que cambiarlo por: ‘ del adversario el consejo’ , y en lo que sigue argumentaré el porqué del consejo:

 

Se entiende que Acebes defienda con uñas y dientes su puesto en el PP, y con él su salario, porque su demostrada ineptitud le excluye de ser seleccionado por algún Jefe de Personal, por lo que de irse del PP estaría condenado al paro, salvo que emigrara a Polonia, país donde la teocracia de los gemelos lo podría colocar de Gran Inquisidor.

 

Se entiende, también, que Zaplana defienda con igual pujanza su puesto de diputado, y con él su inmunidad, pues es conocedor de que con la perdida de la misma jueces y fiscales perderían el miedo a sus derrotes de jabalí acorralado, y entonces no ocurriría como cuando las pruebas de las escuchas telefónicas no fueron tenidas en cuenta.

 

 

 

Pero, señor Rajoy ¿qué defiende usted? Tiene una profesión lucrativa y respetable: registrador de la propiedad, por tanto no necesita un puesto político para ‘comer garbanzos’. Búsquese su particular Aventino galaico y retírese a él’ , ¿y qué mejor Aventino que registrador en Bande, o en Celanova, o en cualquiera de los hermosos y tranquilos pueblos de Galicia? ¡ Tranquilos, señor Rajoy!

 

Convénzase, señor Rajoy, de que la ‘inmensa mayoría de los españoles – por emplear esa locución que no se le cae de la boca- pensamos que es usted negado para la política, y no por su fracaso como ministro de Interior, puesto en el que no fue capaz de acabar con la banda terrorista Grapo, tan terrorista como ETA, pero sin ninguna base social y, por tanto, más fácil de neutralizar, y eso que del Grapo podría haberle enseñado mucho su correligionario Martín Villa. Tampoco pensamos que sea negado para la política por su complicidad en la decisión del menguado Aznar de apoyar a Bush en esa matanza de civiles que ha sido, y es, la guerra en Irak; ni por ser vicepresidente de un gobierno que desoyó los síntomas del atentado de Casablanca y las informaciones sobre un posible atentado en España. ¡No!, pensamos que usted es negado para la política porque hace, continuamente, el ridículo.

 

Un gran político, con gran sentido del estado, el Molt Honorable President Tarradellas, acuño una frase que le es, señor Rajoy, de aplicación: ‘un político puede hacer todo menos el ridículo’.

 

Usted, señor Rajoy, hizo el ridículo cuando dijo lo de ‘unos hilillos de plastilina’, mientras del casco hundido del Prestige salía un caudal de más de 10.000 litros a la hora de fuel-oil pesado. Un niño de primero de bachiller hubiera calculado el caudal. Siguiendo otra de sus ‘pensadas’ teorías quizás habría que hacer a los presidentes de partido un examen de física de ESO.

 

Usted, señor Rajoy, hizo el ridículo cuando mendigaba por las calles de España firmas para ‘exigir’ – cómo le gusta la palabra – un referéndum sobre el Estatut. Por cierto ¿ qué efectividad han tenido esas firmas?.

 

Usted, señor Rajoy, hizo el ridículo cuando quería que el Congreso no aceptara a debate el llamado ‘Plan Ibarreche’.

 

Usted, señor Rajoy, seguirá haciendo el ridículo porque está tan despistado en la democracia como ‘un pulpo en un garaje’.

 

Pero, señor Rajoy, si como dijo el historiador fallecido, D. Javier Tussell , ‘la historia juzgará cruelmente a Aznar’, ¿cómo le juzgará a usted la historia?. Porque lo grave de su actuación, lo que le hace negado para la política – en el sentido democrático del término -, es dar cobijo y prevalencia en el PP a la extrema derecha y, con ello, hacer retroceder España a los tiempos de 1.975. Ha conseguido que una extrema derecha, que después del 23-F se escondía, levante ahora la cabeza.

 

Por ello, por el bien de España, por higiene política: ¡váyase señor Rajoy!

 

 

Para memoria:

 

Fernández de la Mora fue ministro de Franco, fundador - con Fraga y otros ministros franquistas – de Alianza Popular que es el antecedente del Partido Popular, partido que, en ejercicio de travestismo de marketing cada vez que pierde unas elecciones muda de nombre: Alianza Popular, Coalición popular y, ahora, Partido Popular. Este ministro de Obras Públicas con Franco, publicó un libro titulado ‘El crepúsculo de las ideologías’, y digo publicó porque por muy inepto que haya sido no le creo capaz de escribir tal bodrio. Es autor de un lema franquista: ‘España es un Estado de Obras’, frase que debió entreoir Ruiz-Gallardón en alguna visita, cuando aún era Albertito y acompañaba a la sede del Alianza Popular a su padre, José María, que era  afiliado a dicho partido. Claro que no lo entendió bien, y donde uno hablaba de España él otro entendió Madrid, donde decía Estado entendió ‘ciudad’, y donde decía ‘de obras’ Albertito entendió ‘en obras’;  así llegamos al día de hoy donde el lema de Gallardón es: ‘Madrid una ciudad en obras’ .

 

 

Rodolfo Martín Villa fue Jefe del SEU, sindicato franquista de afiliación obligada para los estudiantes universitarios. Fue ministro de Gobernación, y durante su mandato el GRAPO secuestró al Presidente del Consejo de Estado, Antonio de Oriol y Urquijo y al Presidente del Consejo de Justicia Militar, teniente general Villaescusa Quilis. Sólo en el año 1.977 la banda terrorista GRAPO asesinó a 3 policías y a un número de la Guardia Civil.

Entre las personas de izquierda circulaba el rumor que el GRAPO, cuyo ideólogo es el conocido ‘democrata’ Pio Moa – ¿existe la figura de ex ideólogo?- era una creación de la policía franquista, y de que el comisario Conesa sabía bastante del asunto. Ya muchos años antes G.K. Chesterton en su libro ‘ El hombre que fue jueves’, creo el personaje del policía terrorista.

 

El PP del que el señor Rajoy era vicepresidente, y encargado por el menguado Aznar de resolver el asunto del Prestige, sin que les costara muchos votos, nombró ‘Comisionado para el Prestige’, a el ingeniero industrial Martín Villa, del que no se conoce que haya hecho ningún informe sobre dicho suceso, pero si sabe que cobro buenos sueldos.

 

 

 

Alfredo Sancho Cavo (20 de enero de 2.007)