He podido leer, entre ayer y hoy, dos noticias que, si bien, vienen de ámbitos distintos y parecen inconexas entre sí, o no lo son tanto o, incluso, están íntimamente relacionadas entre sí.

 

Por una parte leo que el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, propone una alianza con Barcelona con, según sus palabras, un doble objetivo. Por una parte, para superar una supuesta parálisis política de carácter general que sacude España desde que no gobierna su partido. Por otra, como una alternativa de concordia y esfuerzo entre Madrid y Cataluña (Barcelona).

 

En una segunda noticia leo que Codorníu presenta, este año por primera vez en su historia, pérdidas económicas. Según parece, el motivo de tales pérdidas de Codorníu se debería a la bajada de ventas producida por el boicot a los productos catalanes.

 

Es decir, nos encontramos que, de manera explícita, Alberto Ruiz Gallardón admite una tensión social y política entre Madrid y Barcelona. Crisis que, como se puede leer en la segunda de las noticias, ha afectado de facto a sectores económicos estratégicos en Cataluña.

 

La cuestión más interesante de ambas noticias viene cuando el Alcalde de Madrid “hace” (y lo utilizo como sinónimo de fabricar, inventar) culpable de este hecho al Presidente del Gobierno, del que, por cierto, parece haber decidido hacer su próximo rival electoral a codazos (como se ve) y con permiso de Aguirre.

 

Cabe hacerse varias cuestiones a este “diagnóstico” de Ruiz Gallardón, que dicho sea de paso, simplifica las causas de la tensión hasta tal punto que me recuerda a la falacia socrática de la actitud de Parousia (o advenimiento final del reino de la perfección, en sus manos, claro está). Bajo mi punto de vista, el Alcalde de Madrid, debería conocer, al menos, un par de procesos básicos de la violencia para hacer un diagnóstico más cabal.

 

El primero de ellos sería el de la “justificación” de la violencia. A este respecto, dicen algunos expertos en la materia, que la violencia (una forma de relación social basada en un tipo especial de interacción denominado agresión) no sólo se da por comisión, sino también por omisión. Es decir, que no solo es responsable quien toma un papel activo, sino también aquel que pudiendo evitar el daño de un tercero prefiere tomar un papel pasivo, permitiendo, de esta manera, la “justificación social” del hecho violento.

 

Y es que el Alcalde de Madrid tiene un estilo de comportamiento público muy definido, caracterizado más por esconder la mano (omisión) que por tirar la piedra (comisión). Lo que le hace parecer (y digo solo parecer) a ojos de los españoles menos agresivo, más centrado.

 

El segundo de los procesos básicos relacionados con la violencia al que quiero referirme diferencia entre la agresión instrumental, donde la violencia se utiliza como medio para conseguir otros fines, está dirigida a una meta (con intención). Y la emocional, fruto más bien de la activación emocional del momento, no premeditada, de lo que podríamos entender como “el pronto”. De tal manera que la instrumental, sería más cerebral e igual de dañina, si no más, por perversa en sus consecuencias sociales.

 

 

 

Llegados a este punto, y en un ejercicio de autocrítica sin precedentes, don Alberto Ruiz Gallardón podría, antes de diagnosticar, preguntarse dónde se encuentra él y de qué es responsable.

 

No obstante, y sabiendo como se por propia experiencia personal que la autocrítica no es sencilla y en ocasiones, como la actual, hasta desadaptativa (políticamente hablando se entiende) me gustaría lanzarle, de manera sincera, algunas cuestiones. A las que, si quiere, me gustaría que se contestara a sí mismo aunque solo fuese como mero ejercicio terapéutico.

 

¿Dónde estaba yo (usted) cuando criticaban a los catalanes?, ¿dónde estaba yo cuando se hacían y promocionaba el boicot de los productos catalanes?, ¿dónde estaba yo cuando se tachaba a los catalanes de separatistas, egoístas e insolidarios? Y sobre todo, ¿qué hice?.

 

Sinceramente, mentiría si no dijera que yo solo le recuerdo a usted firmando el manifiesto del PP contra (véase la cursiva) el Estatuto de Cataluña.

 

¿Por qué no alzó su voz para parar aquel despropósito?. Seguro que por omisión y, quizás, no se, instrumentalmente.

 

 

 

Jaime Berenguer

Doctor en Psicología