Aquel año de
1977
En todo el país corre el temor de
que el Ejército se subleve, en uno de los momentos más graves vividos en España
durante la transición política
Por FERNANDO RUIZ CERRATO
Aquel año de 1977 fue crucial para el devenir de los españoles. Han pasado treinta años y España disfruta hoy de una democracia consolidada por mucho que algunos, pocos pero poderosos, pretendan subvertir una convivencia en paz querida por la práctica totalidad de la ciudadanía. Aquel año de 1977 comenzó con el sabor de una reforma política aprobada en las Cortes franquistas y sometida a referéndum el 15 de diciembre anterior por el Gobierno de Adolfo Suárez, con una participación de casi el 78% de la ciudadanía y el respaldo extraordinario del 94,2% de los votantes. Una reforma que abría la puerta hacia un cambio democrático y que permitiría desterrar a su vez el antiguo régimen. Pero también 1977 recibió como herencia la inquietud por el secuestro de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado y hombre perteneciente a una poderosa familia vinculada al mundo de las finanzas y de la energía, además de un influyente representante del franquismo más ortodoxo. Por si fuera poco, la detención y posterior puesta en libertad de Santiago Carrillo en plenas Navidades forma parte de la tensión política del momento. Pero aquel 1977 no tarda en manifestarse como un año cargado de situaciones de una gravedad extrema, de igual manera que traería el calendario marcado con los hitos anhelados de libertad y democracia.
Así, el 23 de enero de aquel 1977, domingo, el estudiante Arturo Ruiz, que formaba parte de una manifestación en demanda de amnistía, muere de un disparo por la espalda ejecutado por ultraderechistas. A primeras horas de la mañana del día siguiente es secuestrado por los GRAPO el teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Si en el caso de Oriol se perseguía soliviantar al bunker franquista, en esta ocasión se buscaba la provocación del Ejército, en ascuas por los inesperados derroteros por los que intentaba transitar el país. Pero esas primeras horas del lunes 24 de enero de 1977 no habían hecho más que avanzar apenas un capítulo de un rosario de acontecimientos terribles. Pasado el mediodía, María Luz Nájera, una joven estudiante de sociología muere por el impacto de un bote de humo lanzado por la policía cuando se manifestaba en protesta por la muerte de Arturo Ruiz el día anterior. Una hora y cuarto antes de que el nefasto día terminara, la extrema derecha acribilla a sangre fría a nueve personas en un despacho laboralista de Comisiones Obreras en la calle de Atocha, matando en el acto a cinco, tres de ellas abogados. El 26 de enero se produce una espectacular manifestación pública de duelo, con una multitud silenciosa acompañando los féretros en una prueba de civismo y de demostración de una inequívoca voluntad democrática, que se trunca inmediatamente con el asesinato dos días después por parte del GRAPO de dos miembros de la Policía Armada y de un guardia civil, hiriendo gravemente a otros tres.
El mes de febrero la policía libera a los secuestrados Oriol y Villaescusa, con lo que se logra un alivio relativo de la tensión a la que se encontraba sometido el conjunto del Estado. Una calma condicionada que dura hasta el 9 de abril, un Sábado de Gloria de la Semana Santa de aquel 1977 en que es legalizado el Partido Comunista de España, paso indispensable dado por Adolfo Suárez para conceder la necesaria credibilidad al proceso de democratización iniciado. El júbilo de amplias capas de la sociedad por tan importante normalización política no se ve correspondido por la mayoría de los jefes y oficiales del Ejército y de la Armada, así como de gran parte de la burguesía. El 11 de abril dimite el ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, y otros ministros del Gabinete se piensan el secundarle. En todo el país corre el temor de que el Ejército se subleve, en uno de los momentos más graves vividos en España durante la transición política. De hecho, el Consejo Superior del Ejército, constituido por los capitales generales y por el resto de los altos mandos, emite un comunicado de repulsa por la legalización del PCE —dejando clara su disposición a intervenir en defensa de la patria— dos días antes de la primera reunión del Comité Central del PCE, es decir, el 14 de abril, fecha de connotaciones peligrosas en aquellos momentos. A partir de ahí, la historia se encauza: Adolfo Suárez logra su UCD, Felipe González consigue aglutinar gran parte de la diáspora socialista bajo las siglas del PSOE y Manuel Fraga se queda al frente de la derecha más residual con su Alianza Popular. El 15 de junio de aquel 1977 se celebran las primeras elecciones en libertad. Como se ve, un año en el que los problemas que aquejaban a los españoles no eran producto de ficciones.