SÍMBOLOS COMUNES

 

No considero un privilegio donado por el Cielo el ser español. Ser español es moralmente tan bueno o tan malo como ser de cualquier otra nacionalidad. Pero reconozco que el haber nacido aquí y el haberme educado y desarrollado como persona en España ha hecho que no pueda evitar sentir un especial afecto por cada uno de los rincones de su geografía, por los más bellos y por los más inhóspitos, por los que he visitado y por los que no, por la diversidad de costumbres y culturas que en los mismos se desarrollan, por su historia, su gastronomía, su arquitectura o sus expresiones artísticas. Por ello, ¿Cómo puedo decir que no me siento español?

 

            Jamás me hubiera hecho esa pregunta si no fuera porque una parte de la población, azuzada por un partido político, lo pone en duda. Me doy por aludido por ellos, claro está (y me duele, para qué voy a negarlo), desde el momento en la defensa de la nación española (no se especifican los medios de defensa), al grito de “¡España, España!” consiste, según el líder de ese partido, en atacar al Gobierno (no sabemos hasta qué extremo, pero podemos temernos lo peor) por su política de lucha antiterrorista. Como esa propuesta me parece una villanía que sólo puede favorecer a los propios terroristas y a la división del país, y por tanto, no estoy de acuerdo con ella, soy consciente de que muchos de los individuos que se manifestaron el domingo pasado en Colón no me consideran español (también sé que muchos no se atreverían a decírmelo a la cara). Y como a mí, a todos los que no pensamos que las cosas deben hacerse de forma distinta a como ellos dicen ahora, porque los hechos demuestran que su actuación al frente del gobierno no se caracterizó por su dureza en política penitenciaria frente a los terroristas.

 

            Esta actitud del partido de la oposición ha derivado en una práctica que a la derecha se le ha dado muy bien históricamente, la apropiación de símbolos comunes (bandera, himno, lazo azul etc.). La bandera oficial, la constitucional, por ejemplo, es un símbolo nacido del consenso, es bandera de tolerancia y de unidad.

 

            ¿Qué debemos hacer ante estas apropiaciones indebidas?. Podemos optar por dos cosas: O bien, dado que nos dan con los símbolos en la cabeza, nos desvinculamos de ellos y adquirimos unos nuevos, o bien los utilizamos nosotros también, que estamos en el mismo derecho que ellos.

 

            Particularmente, creo que la segunda de las opciones es la que procede. Hay que recuperar la bandera, que es de todos y además preside en nuestra sede y de la que no tenemos por qué avergonzarnos, y hacer pedagogía de ello dentro de los votantes que se sitúan más a la izquierda. El que otros hagan un mal uso de ella no debe llevarnos a rechazarla, ni tampoco a todo lo contrario, sino a reivindicarla para hacer un uso moderado y adecuado de la misma.

 

Y aunque es verdad que las banderas nacionales, como las autonómicas, no deben sacarse a pasear en actos partidistas, es también verdad que, dadas las circunstancias, no debemos tener complejos y sí recordar que históricamente la hemos portado con orgullo los socialistas (sólo hay que ver fotos de compañeros celebrando la victoria electoral de 1982 o carteles electorales de los años ochenta). Naturalmente esta es una opinión muy particular y puede que haya compañeros que no estén nada de acuerdo con mi opinión, o que la malinterpreten. En ambos casos les invito a discutirlo con el mayor respeto de mi parte hacia su sensibilidad.

 

Miguel Ángel Chapinal                      13 de marzo de 2007